Loading...

el monocromo

Blog

Amanda Baeza y las canciones dibujadas

Amanda Baeza, una de las invitadas de honor al 8º Festival Entreviñetas, tiene 26 años y el poder de desestabilizar la norma con historias dibujadas. Nacida en Chile a principios de los 90 y residente en Portugal desde los 9 años, Amanda ha desarrollado una voz original —y en evolución — que nos habla de la memoria, la vida misma, y la situación fronteriza de quien pertenece a ninguna parte. Su obra, compuesta en su mayoría por narraciones autobiográficas, da cuenta de una preocupación por comunicar desde las imágenes y la emoción; un lenguaje muy cercano a la poesía, y a la música — que también estudió desde muy pequeña —.

Hija de un padre dibujante y una madre bailarina, Amanda siempre fue cercana al arte como un medio de expresión de aquello que se vive y de lo que se siente necesario hablar, y también de lo que no se entiende, o apenas se intuye. Dice ella: “en una conferencia de José Muñoz en Helsinki lo escuché decir que el dibujo nos ayuda a resolver conflictos internos. Y yo aún tengo cosas en mí que no entiendo, o que me duelen o me enojan, y es en el papel donde las saco para poder verlas y darles un sentido”. Una de ellas es la xenofobia: a la corta edad en la que Amanda y su familia se mudaron a Portugal tuvo la experiencia de encontrarse envuelta y señalada con las palabras y los actos que reproducen el discurso de discriminación racial, como lo plasma en “Los niños desvelan lo que los adultos esconden”, fragmento de su libro Nubes de talco, obra que la autora presentará en el marco del Festival. Y es desde allí de donde parte la construcción de un lenguaje propio, que intenta desligarse de la tradición escrita y dibujada para narrarse a sí misma, porque es el mismo discurso de la tradición el que transcribe y encubre la violencia hacia el otro: “no es algo que para mí haya sido completamente consciente, pero sí es un impulso y una necesidad, no jugar el mismo juego, no tener que representar a las mujeres como cuerpos de pelo largo que se visten de rosa y se relacionan con hombres, por ejemplo, o ponerles una nacionalidad específica para poder hablar de ellas o ellos”.

Nubes de talco, su libro editado en el 2016 por la editorial española Fulgencio Pimentel.

Sus primeros relatos dibujados están reunidos en los fanzines .Spoqui, que hizo con sus hermanos desde muy niños hasta el 2013. Y también está su primer cuaderno de dibujo: un diario (con candado) que le regaló una de sus mejores amigas a los 6 años, y que Amanda no sabía cómo se usaba normalmente: “ella me lo regaló y me dijo: aquí vas y pones las historias del día, comenzando siempre con la frase ‘Querido diario’, pero yo no entendí que eran las historias reales del día, sino las que a la gente se le ocurrían (risas). Así que allí empezaron mis primeras historias compiladas. Aún lo guardo”. En esos espacios, Amanda pudo explorar formatos y encontrar el camino a la concepción de su universo gráfico: uno que responde a la ambigüedad, como una renuncia al absoluto.

Sus historias son fragmentadas, alejadas de la estructura secuencial, y más cercanas a la simultaneidad, y lo son porque responden a una representación de sus recuerdos, desde adentro, sin inicio, nudo y desenlace ordenados; así como recordamos todos. Su intención es lograr hacer sentir al lector lo mismo que ella sintió en aquellos instantes, ponerlo en su lugar. Le importa más el qué representó para ella que lo que realmente sucedió. Y es en ese punto donde Amanda emerge como vanguardia: cuando modifica las formas convencionales para contar historias y las re-ajusta a lo que realmente le interesa contar, porque cree en la empatía como un recurso más poderoso de conexión con el otro que la ficción misma. Así, sus viñetas no corresponden a copiosos globos de textos, sino a las escenas y a las formas, y a los colores. Amanda crea en las páginas una reproducción de su mente y nos invita a entrar. No hay espacios reconocibles porque son los que hay en su cabeza, donde todo flota. No hay personajes comunes, hay seres sin forma definida, sin raza, ni género; no hay colores puros, hay tonos vibrantes, incluso si cuentan situaciones tristes, porque es su forma de mostrar los contrastes que guarda la vida: “cuando pasa algo horrible la música no viene, ni la luz cambia y se pone azul. Simplemente pasó y nada alrededor cambió”, explica la autora.

Cuando Amanda se pone de rodillas y empieza a dibujar como si estuviera jugando con barro, no hay andamios técnicos, geográficos o temporales. Solo hay emociones o momentos encapsulados por los que va más allá de sí misma para traerlos hasta nosotros. Son canciones dibujadas. Amanda es, sin lugar a dudas, uno de los puntos de partida para la historia del cómic que queda por venir.

*** EVENTOS DE AMANDA BAEZA EN EL FESTIVAL:
+ Firmará sus libros en la librería Santo & Seña (Bogotá) el viernes 22 de septiembre a las 6:30 p.m. mientras hace una sesión de dibujo a partir de un álbum de Boards of Canada. Entrada libre.

+ Tendrá una charla para hablar de su trabajo el sábado 23 de septiembre a las 2:00 p.m. en Cine Tonalá (Sala Kubrick) en compañía de Carolina Venegas, editora de Bacánika. Entrada libre.

La visita de Amanda Baeza a Colombia es posible gracias a IDARTES y el Ministerio de Cultura de Colombia.

Por Gabriela Blanco, editora de la revista LARVA

gracias a